Para quienes creemos en los derechos humanos basados en la dignidad de la persona y en correspondencia con su esencia, el tema del respeto a la vida humana es un irreductible. Toda persona, en todo momento de su vida, desde la concepción hasta la muerte natural, tiene derecho a que se le preserve la vida que ya tiene, independientemente del proceso de desarrollo, enfermedad o declive que manifieste. Por tanto, el aborto, la eutanasia y la pena de muerte son temas que deben ser rechazados y si bien forman parte de la agenda política, no deberían ser politizados, sino, simplemente, definidos como principios fundamentales.

En ese contexto, y sobre todo ahora que tenemos plena y explícitamente incorporados a la Constitución los derechos humanos, resulta inaceptable que alguien, considerándose “políticamente correcto”, propugne por el aborto, digna que no luchará por su abolición o repudie que se crimen deba ser debidamente castigado, más cuando es un delito en todo el país.

Por ello, resulta sorprendente que el PAN, al lanzar como precandidata al D. F. a Isabel Miranda de Wallace, le haya aceptado que vaya por la libre, incluidos temas que el propio partido ha encabezado y respecto de los cuales su presunta abanderada afirme que no se opone a “derechos adquiridos” por las mujeres, al igual que en el caso de los homosexuales que se matrimonian. Se trata de un verdadero autogol del blanquiazul, cuando desde sus filas en la Asamblea Legislativa se ha opuesto a la legalización del aborto en el D. F. al grado de promover una acción de inconstitucionalidad. También el PAN apoyó a las entidades federativas que han elevado a rango constitucional la protección a la vida desde la concepción.

La defensa de la vida debe ser un principio fundamental de todo político que vea por el bien común. Eso es lo verdaderamente correcto. De ello hasta ha dado cuenta Andrés Manuel López Obrador, inscrito ahora en la “república amorosa”. Con más claridad que muchos panistas que dudan en plantear y definir abiertamente los principios de su partido, el precandidato del PRI ha declarado que “las libertades y la vida no se votan sino se respetan”. Ha reconocido, en contra de lo que dicen muchos de sus compañeros de partido, que el aborto es un delito del fuero común. Aunque, nunca falta el pero, también se declara abierto a que las mujeres definan el tema y a una consulta pública. El patinaje y las ambigüedades no dejan de existir.

Por supuesto que el tema de la vida será recurrente e importante en la búsqueda del voto. Ya Enrique Peña se pronunció una vez, al menos, a favor del aborto. De los precandidatos del PAN se han pronunciado a favor de la vida, pero no siempre han sido claros en sus definiciones. Con ello no afirman las tesis del partido ni se ganan a quienes habrán de votar el próximo 5 de febrero.

El tema es de tal trascendencia, que en Guanajuato, el doctor José Ángel Córdova Villalobos, quien a pesar de haber dado una férrea batalla por la vida en su época de diputados se comportó ambiguo y equívoco en la Secretaría de Salud sobre el tema, ya ha declarado en Guanajuato que está en contra del aborto y luego advierte que respetara la ley. ¿Qué significa esto último? ¿Es una salida para justificar el aborto? La ley no lo admite, siempre es un delito, por más que por atenuante frente a algunos casos en que la mujer se encuentra en situaciones críticas, no lo castigue cuando es cometido. Sin embargo, eso no lo convierte ni en un derecho ni excluye de responsabilidad a quienes lo inducen o lo realizan.

Si, finalmente, al reformarse la Constitución para dar cabida plena a los derechos humanos en nuestros en el orden jurídico, queda protegida la vida para todos  por igual, y una característica esencial de los mismos es que son irrenunciables, ahora debemos exigir a los candidatos, a todos, que se comprometan en expliciatar su rechazo al aborto y a que propugnen por la adecuación de la legislación en la materia, para eliminar toda idea de que se puede crear un derecho que va contra los derechos humanos. Se trata de una contradicción inaceptables y sobre la cual deben ser, cuando menos, ilustrados los candidatos.

En cuanto al PAN, lo menos que podemos pedirle es que sea coherente y fiel a sus principios. Si bien es válida una candidatura ciudadana, no lo es que a quien lance como candidato vaya en contra de los principios del partido, Eso de darle carta blanca es como firmar un cheque en blanco.

*Autor José J. Castellanos. Licenciado en Periodismo y Comunicación Colectiva. Maestría en Desarrollo Humano y Diplomado en Filosofía Política. Periodista desde 1968, catedrático universitario y funcionario público a partir del año 2000. Participa en diversas organizaciones sociales. Actualmente Presidente del Comité Editorial de yoinfluyo.com.