Pirata es el adjetivo para decir que una cosa pasa por original, “producto clon”,  copia fiel de un original que, por su precio, no puede ser adquirido por la mayoría. Por un bajo costo, el usuario tiene un artículo similar que pretende competir con las marcas que despiertan la envidia de quienes no las pueden poseer. Otras formas de pirataje superan nuestra imaginación como es el religioso. Los trámites, en ocasiones engorrosos, y los impedimentos morales o burocráticos han hecho que los católicos recurran a sacerdotes impedidos del ejercicio de su ministerio, clérigos irregulares, seminaristas truncos, religiosos o religiosas expulsadas de sus conventos o laicos con cierta formación, para la celebración de sacramentos y eventos que, a capricho y gusto de los solicitantes, son realizados por estos pseudoministros: bautismos en haciendas que rememoran el esplendor porfiriano, primeras comuniones privadas en ranchos con lagos y especies exóticas, confirmaciones en salones al estilo Palacio de Versalles o matrimonios de ensueño a pie de playa, en medio de los bosques o en lugares primorosos y encantadores dignos de un enlace nupcial de cuentos de hadas. Otro tipo de fraude, tal vez de lo más común, es el de las parejas divorciadas que quieren casarse por la Iglesia contratando a los padrecitos retirados por motivos celibatarios, a los seminaristas y pseudocuras itinerantes que, arropados en sus antiguos hábitos y clergyman, van de puerta en puerta ofreciendo la carta de servicios religiosos inaceptables por las diócesis de la República mexicana.
 
Quien escribe y su acompañante fueron testigos de un singular acto de pirataje y fraude religioso en el lugar menos imaginado: en la Basílica de Guadalupe, el santuario más importante de América Latina. En una celebración dominical de marzo de 2010, al comenzar la lectura del Antiguo Testamento, escuchando el relato de la voz de Dios hablando a Moisés desde la zarza ardiente, de repente, apareció una señora vestida a la usanza de las religiosas pero sin velo: traje sastre azul marino, corte de cabello arreglado, presentable, a primera vista una consagrada de las que abundan en el área de La Villa de Guadalupe. Pasaba frente a los feligreses, se plantaba ante ellos y extendiendo una “minitienda” de artículos devocionales, rosarios corrientes de plástico y folletos EVC que seguramente eran robados y montado en una de esas canastas para recoger la colecta, pedía monedas a los sorprendidos parroquianos: “Su ayuda por favor…” Cuando pasó ante nosotros, inmediatamente le dimos las gracias sin aportar y así, sin mayor empacho, siguió por la fila, con la misma frase. Desde luego, más de uno sacó sus recursos para depositarlos en esa minitienda-canasto.
 
Le dije a mi acompañante “esa mujer anda taloneando”; era claro para nosotros que no era personal de la Basílica ni tenía la autoridad pedir donativos. Mientras ejecutaba su labor hábilmente, trabajadores de intendencia efectuaban sus quehaceres percatándose de la actividad de la dama limosnera. Pregunté a una de ellas: “Oiga, ¿esa señora es de la Basílica?” Inmediatamente me dijeron que no y les repliqué, “Porque anda pidiendo dinero y vendiendo folletitos y rosarios”.
 
La trabajadora nos dejó el implemento de su labor mientras corría hacia el guardia que, se supone, garantiza la seguridad del recinto. Dos, tres palabras, el guardia estiró la cabeza, algunas miradas hacia la zona donde estaba la piadosa hermana y nada más. Después, la empleada regresó a nuestro lugar y  pregunté: “¿Qué van a hacer?”.  Ella se limitó a decir que seguramente ya había sido detectada por satélite… ¿Qué es eso? Las cámaras de seguridad del techo del santuario y nada más. Mientras todo esto ocurría, dos chiquillas fueron tras la monjita para conseguir rosarios de plástico, entregándole algún billete por ellos. Y, demasiado tarde, sólo en el momento de la comunión otro guardia se movilizó, pero no localizó a la religiosa… Nadie se inmutó, nadie hizo nada más, ni las personas que al darse cuenta del movimiento, fueron víctimas de un engaño, en el corazón del santuario mariano más querido de los mexicanos, se dan estos fraudes y actos de pirataje.
 
Para cualquier gusto, rosarios similares y más baratos, folletos EVC robados y revendidos, limosnas para una “ayuda”. Quien conozca la Basílica de Guadalupe, la “Domus Aurea” habrá sabido de las víctimas de estos defraudadores que actúan en nombre de la fe. Desde los que “bendicen” con las estampitas sacando dinero bajo amenaza hasta los que, aparentando ser religiosos, van trasquilando la lana de las ovejas. Y han hecho un modus vivendi cómodo aprovechándose de la buena fe y la religiosidad de la gente que cree que todo el que viste sotana es cura… y engañando la buena voluntad van timando bajo el amparo de la imagen de la guadalupana… Sub tuum praesidium, Santa Dei Genitrix… buenos y malos, para todos sale el sol, de algo hay que vivir.

*Realizado por Guillermo Gazanini, secretario general de Analistas Católicos.