Finalmente, por boca del propio Papa Benedicto XVI, se ha confirmado la ya conocida información de que el sucesor de Pedro vendrá a México. Éste era un encuentro largamente esperado y añorado, pues después de las muestras de amor y fidelidad al Papa, expresadas desde el primer encuentro con Juan Pablo II, como quizá pocos pueblos lo hayan hecho, extrañaba que dilatara en este encuentro, ¿sería quizá porque consideraba que era más urgente el acercamiento con otros pueblos?

El Papa Benedicto XVI por razones de salud no ha ejercido un pontificado itinerante, como lo hiciera su predecesor, generando un gran impacto global. Eso no quiere decir que haya estado enclaustrado, pero es evidente que ha dado preferencia a Europa, ese Continente que pareciera salirse de la órbita cristiana. Desde que Valery Giscard d’Estaing redactara su proyecto de constitución europea, negando las raíces cristianas de Europa y siguiendo las corrientes liberales, agnósticas y descreídas que ocupan las cátedras universitarias y los medios de comunicación, existe toda un esfuerzo por negar lo evidente, pues pudiera decirse que cada piedra en cada pueblo suda una historia cristiana. Por eso el Papa se ha esforzado en refrescarles la memoria a quienes olvidan sus raíces, recordándoles su identidad.

Pero independientemente de la explicación de esa urgente nueva evangelización de Europa, en su homilía de la Misa especial que presidiera con motivo de la Virgen de Guadalupe en el Vaticano, Benedicto XVI también ha recordado que Juan Pablo II lanzó en América el llamado a la nueva evangelización en nuestras tierras. Llamado que hizo extensivo a toda la Iglesia con motivo del segundo milenio.

En el contexto de la Misa en la cual dio gracias a Dios por los países americanos que han celebrado su independencia bicentenaria, indicó que tiene la intención de visitar México y Cuba el año próximo antes de la Pascua. Sabemos que la fecha tentativa para nuestro país será del 23 al 25 de marzo.  Y a propósito de los dos siglos de vida independiente de nuestras naciones, también pidió que se fortalezcan las raíces espirituales de nuestro Continente, pues en ellas se encuentra su principio fundante. Apenas el lunes se reiteró la viviente identidad mexicana en torno a la Virgen de Guadalupe, cuya fiesta ha sido calificada por no pocos, como el centro afectivo del calendario mexicano, pues en ella, en su maternidad espiritual, se ubica la identidad nacional. Hecho reconocido recientemente por el Presidente Felipe Calderón, al inaugurar la Plaza Mariana, afirmando que todos los mexicanos somos guadalupanos. Aunque no falte uno que otro por ahí que niegue a su Madre.

Nunca faltan los mal pensados o timoratos. Por ello el Papa ha sido explícito en la presentación del motivo de su viaje: “deseo animar el afán apostólico que actualmente impulsa y pretende la «misión continental» promovida en Aparecida, para que «la fe cristiana arraigue más profundamente en el corazón de las personas y los pueblos latinoamericanos como acontecimiento fundante y encuentro vivificante con Cristo» (V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, Documento conclusivo, 13).
Así se multiplicarán los auténticos discípulos y misioneros del Señor y se renovará la vocación de Latinoamérica y el Caribe a la esperanza. Que la luz de Dios brille, pues, cada vez más en la faz de cada uno de los hijos de esa amada tierra y que su gracia redentora oriente sus decisiones, para que continúen avanzando sin desfallecer en la construcción de una sociedad cimentada en el desarrollo del bien, el triunfo del amor y la difusión de la justicia.”

América, como Europa, también enfrenta los vientos de la acción sistemática de descristianización que se hace desde esferas públicas y privadas, en la política, la economía y la cultura. No otra cosa son esos “proyectos de nación” de la retórica de muchos políticos, que niegan o repudian a la Nación que ya es, con sus virtudes y defectos, y que sin duda puede perfeccionarse, pero desde sus raíces cristianas.

El Papa señaló en su homilía la importancia de que los pueblos de América, cobijados en el manto de la Virgen de Guadalupe, salvaguarden el rico tesoro de su fe, ésa que los peregrinos por millones manifiestan cada 12 de diciembre, y que ha sido motor del dinamismo histórico-cultural de nuestros pueblos, que, sin embargo, requiere una mayor profundización y congruencia. Consecuencia del encuentro con Cristo, quien explica el fundamento de la dignidad humana y da sentido a la vida, nos ha pedido ser “siempre defensores de la vida humana desde su concepción hasta su ocaso natural y promotores de la paz; han de tutelar igualmente la familia en su genuina naturaleza y misión, intensificando al mismo tiempo una vasta y capilar tarea educativa que prepare rectamente a las personas y las haga conscientes de sus capacidades, de modo que afronten digna y responsablemente su destino”. Este es el Evangelio de la vida que nos anuncia vendrá a predicar a México, al lado de la Montaña del Cubilete, donde Cristo reina.

* Realizado por José J. Castellanos, colaborador de Analistas Católicos.