ad67f8c12a4bbda0e4e9b3ed5b131ae9_int4701.jpgHace tres años el luto cubrió a Morelia… En las fiestas nacionales se atentó contra la población desarmada. Tres años después el terrorismo ha puesto en un punto de quiebre al estado nacional inmerso en una violencia que ya toca a los civiles que nada tienen que ver con drogas, corrupción e impunidad. Cincuenta y dos personas pierden la vida de forma absurda por una guerra de la que ellos no eran combatientes y detrás está las fracturas, fallas y egoísmos de la clase política, de los poderosos y de un sistema gubernamental inepto en las labores de inteligencia.

Sobre la conciencia de la clase política clama la sangre de estas cincuenta y dos personas por haber atorado y ahogado reformas a las leyes de seguridad, paralizadas en poder legislativo desde hace más de un año. Leyes, como la del lavado de dinero, congeladas en los archivos de las comisiones por no convenir hasta “pactar” presupuestos y reformas fiscales que sólo fortalecerán los feudos de los gobernadores, casualmente de los estados con más violencia. Sobre ellos pesa esa sangre cuando en lugar de actuar, se despedazan por alcanzar los cargos de mayor responsabilidad de la vida de la República; por haber descuidado las tareas de reforma del modelo policial creando estamentos infiltrados por la corrupción donde el liderazgo, voluntad y decisión está en los capos perpetradores del terrorismo.

Sobre la conciencia de las instituciones gubernamentales clama la sangre de estas cincuenta y dos personas porque no han sabido hacer sus labores de inteligencia y prevención del delito; sistemas de inteligencia que son carísimos a costa del dinero público ofreciendo resultados magros que desconocen, realmente, la situación del combate al crimen y el terrorismo. Porque han preferido que los ciudadanos puedan actuar como policías en lugar de brindar la seguridad a la que está obligado en sus tres órdenes de gobierno. Porque los ministerios públicos y policías de investigación han sido manipulados debiendo lealtad a los jefes en el poder o a los capos en el crimen, en lugar de servir y proteger a la sociedad.

Sobre la conciencia de las autoridades clama la sangre de estas cincuenta y dos personas porque han tolerado y encubierto actividades ilícitas y de corrupción, amparando negocios y actividades turbias beneficiando al crimen organizado. Políticos que, amparados en su fuero y cargo público, han propiciado el nepotismo, el influyentismo y compadrazgos impulsando negocios ilegales que benefician a los grupos de sicarios y narcos asesinos.

Sobre la conciencia del sistema de gobierno clama la sangre de estas cincuenta y dos personas porque no han procurado el bien común arrojando a la pobreza a millones, particularmente a los jóvenes, quienes son usados por el crimen organizado como sicarios a cambio de unos cuantos miles de pesos que les permitan subsistir porque su país, los empresarios y los dueños del capital, les han negado las justas oportunidades y la distribución de la riqueza para un adecuado desarrollo humano.

Sobre la conciencia de poderes extranjeros clama la sangre de estas cincuenta y dos personas porque han infiltrado en nuestro país las herramientas de la muerte dirigidas a los civiles. Porque han hecho del crimen organizado un problema trasnacional que ha propiciado el secuestro, la extorsión, el tráfico de armas y hoy el terrorismo.

Toda vida humana es digna y a esta dignidad tiene aparejada las condiciones que propicien el desarrollo integral. El terrorismo que hoy presenciamos es un punto de quiebre en la historia democrática de México. Cuando se han metido contra la población civil de ese modo, todos los ciudadanos hemos perdido la garantía de seguridad a la cual está obligado el estado. Ya es un estado fallido. Primero fue una plaza pública, hoy fue un casino… ¿mañana?
*Secretario General del Consejo de Analistas Católicos de México.