La devoción al santo se ha extendido en todo el país, particularmente en el Distrito Federal. Sus devotos en su mayoría son la población joven de nivel económico bajo, quienes por lo regular viven en las zonas urbanas o periferias de la ciudad donde la violencia es referente para conocer su modus vivendi.
Los lugares que concentran el mayor número de devotos son: en el Estado de México el municipio de Nezahualcóyotl y Ecatepec; en el Distrito Federal, la Colonia 10 de mayo, Iztalapa, colonia Morelos, barrio bravo de Tepito, colonia Guerrero, y el barrio la Merced; los últimos cuatro encierran debido a desinformación o por desviaciones supersticiosas o idolatría, un sincretismo devocional del santo con el culto a la “santa” muerte.
En esas zonas se acentúa el conflicto entre pandillas, las cuales pelean por el control de territorios, la finalidad, mostrar al contrario la fuerza humana cuando se defienden mediante peleas callejeras o hacer notar el poder armamentista cuando se lucha empleando armas de fuego o en el menor de los casos con el uso de armas blancas.
Al santo se le invoca para conseguir trabajo o en situaciones difíciles. Los devotos recurren a agradecer los favores concedidos a la Iglesia San Hipólito (ubicada en avenida Hidalgo, cerca de la estación del metro Hidalgo, primera iglesia de la ciudad de México fundada por Hernán Cortés y dedicada al santo por la caída de Tenochtitlán el 13 de agosto de 1521) o a la Iglesia de San Judas ubicada en Politécnico.
La primera iglesia es referente para la devoción, pues esta fue traída por los Misioneros Claretianos desde la Ciudad de Chicago donde tuvo una aceptación favorable ante conflictos económicos y de pandillas. El carisma de los Claretianos es trabajar por la justicia social en todos sus ministerios (migración y pastoral juvenil).
“En 1929 los claretianos fundaron el Santuario Nacional de San Judas en la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe en el Sur de Chicago, como un lugar de esperanza para una comunidad golpeada duramente por la depresión económica”, refiere el sitio de internet de la congregación de misioneros sacerdotes y hermanos fundada por San Antonio María Claret en 1848.
México reúne cada 28 de mes a cientos de devotos en las iglesias en que se respeta su imagen. Lo alarmante, son los grupos de adolescentes procedentes de diferentes barrios o pandillas, quienes durante las celebraciones católicas se mantienen en orden, pero que una vez concluidas, tienen que regresar a sus lugares de origen con el peligro de ser atacados por grupos rivales, ya sea para robarles sus pertenencias o ajustar cuentas producidas por diferencias en sus zonas de convivencia.
La población que recurre a celebrar la fiesta de San Judas, necesita ser instruida en el amor al prójimo, en el respeto al otro en la dignidad de su persona, y en la construcción de una devoción exaltada en la paz social. “El amor es una fuerza extraordinaria, que mueve a las personas a comprometerse con valentía y generosidad en el campo de la justicia y de la paz”, Concilio Vaticano I.
La capital del país, se ha librado del nivel de violencia propia del narcotráfico y que caracteriza estados como Oaxaca, Sinaloa, Monterrey, Guerrero, Tijuana, entre otros. Por tal motivo, hacemos un llamado a los devotos de San Judas Tadeo a “fumar la pipa” de la paz con quienes mantienen diferencias, pues es en los favores recibidos del creador y concedidos por mediación del santo que se manifiesta el amor que nos tiene, mismo que debe ser transmitido por cada uno y que nos dará el modus vivendi para peregrinar por la vida.
*Director del Consejo de Analistas Católicos de México.


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