Soy un miembro viviente del Cuerpo Místico de Cristo con mis debilidades como ser humano y con algunas fortalezas, que Dios me ha concedido gratuitamente a través de mi vida peregrinante en una etapa de la Iglesia Católica, la presente y no la única, de crisis de fe, esperanza y caridad.
En este mismo contexto global, llegó a mi PC la Carta que él publicó en red internacional a los Señores Obispos de todo el mundo, haciendo alusión en ella que tanto sus esperanzas como las de tantos católicos y católicas comprometidos no se han cumplido, “culpando” al Pontificado actual de haber desperdiciado las oportunidades de renovación de la Iglesia y de no haber aprovechado las ocasiones ya presentadas para ello.
Por supuesto que respeto la opinión de Hans Küng como ser humano, como hijo de Dios y sobre todo como sacerdote, que es. Asimismo admiro sus brillantes conocimientos teológicos, pero el celo por la búsqueda de la Verdad me impulsa a expresar con libertad mi pensamiento referente al contenido de su carta, pues aunque va dirigida a los Pastores Episcopales, no deja de afectarnos de alguna manera a las ovejas y corderos.
Quizás yo sea el menos indicado para escribir esto, más aún, reconociendo su alto prestigio como teólogo destacado, mas ruego a Dios para que pronto pueda ser también reconocido como distinguido pastor sacerdotal, pues no debemos olvidar que “la ciencia infla y el Espíritu vivifica”. Me parece que la sola razón nuestra al margen de la fe cristiana o ésta supeditada a la razón, fácilmente nos pueden desviar de nuestro caminar hacia el Padre, ya que Jesucristo es “el Camino, la Verdad y la Vida” y nadie va al Padre sino por El.
Sin embargo, me he atrevido a escribir este comentario, guiado por las palabras de nuestros dos últimos antecesores: “Non avete paura” y movido por las palabras del salmista: “Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor”.
Lejos de mí intención es discutir sobre el tema expresado en la carta, pues estoy consciente de que mi preparación filosófica y teológica está muy por debajo de la altura alcanzada por usted. Expreso mi opinión modesta convencido de que la diversidad hermenéutica puede conducir a una interpretación más acertada de hechos y textos, cuando se excluye todo tipo de intereses, enfatizando la búsqueda de la Verdad “junto con otros”, pero al mismo tiempo respetando y procurando incesantemente ser fieles al Depósito de la Revelación Cristiana”.
Hecha esta aclaración, puntualizo aquí, desde mi interpretación, algunas de mis ideas en torno al texto de la carta y de algunos documentos a los que hace referencia el autor.
Según Küng, el primero de los diez desafíos desperdiciados por el pontificado actual, encabezado por el Papa Benedicto XVI, comprende tres acciones realizadas durante el actual pontificado: la reintroducción de la plegaria preconciliar por la iluminación de los judíos, la readmisión de algunos “obispos cismáticos notoriamente antisemitas”, y el impulso de la beatificación de Pío XII.
En cuanto a la primera acción, la reincorporación de la oración por los judíos, proclamada en todas las acciones litúrgicas del Viernes Santo, es una clara expresión de amor por todos aquellos que aún no reconocen a Jesucristo como verdadero Hijo de Dios, para que el Señor los ilumine y se conviertan como tantos judíos lo han hecho como en los últimos tiempos lo hizo la filósofa Edith Stein. La readmisión de algunos obispos cismáticos es un acto de perdón y misericordia. Recuérdese que Dios vino a salvar a los pecadores. Y El deja aseguradas a sus ovejas en el aprisco para ir a buscar a las ovejas perdidas. Y, en lo tocante al impulso de beatificación del Papa Angelicus, sin manifestar la razón de este supuesto desafío desperdiciado.
El segundo desafío de un diálogo desperdiciado de la Iglesia Católica con los musulmanes, según Küng, es “el discurso de Benedicto en Ratisbona, en el que, mal aconsejado, caricaturizó al Islam”.
Se trata de una interpretación cargada de subjetividad de acuerdo al contexto de toda la carta, ya que, al analizar sin prejuicio alguno, el discurso mencionado, se detecta claramente que la calificación de la religión islámica como una religión de la violencia y de inhumanidad, es parte del diálogo del docto emperador bizantino Manuel II Paleólogo con un persa culto sobre el cristianismo y el islam, narrado en la edición del mismo por el profesor Theodore Khoury y recordado por el Papa Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona el 12 de marzo de 2006. La parte primordial de su discurso no está en lo anterior sino en la necesidad de superar la reducción de la razón humana al ámbito meramente personal y subjetivo y a desligarla de su potencialidad de dialogar con la fe y en este caso con la fe cristiana, pues “una razón que sea sorda a lo divino y que relegue la religión al ámbito de las subculturas, es incapaz de entrar en el diálogo de las culturas” (Discurso del Papa Benedicto XVI).
Por lo que respecta al desafío tercero referente a la reconciliación con los pueblos nativos de Latinoamérica, diciendo el autor que el Papa afirmó “con toda seriedad que éstos “anhelaban la religión de sus conquistadores europeos”, sin indicarnos la fuente de esta aseveración, me imposibilita para hacer un comentario al respecto.
Con relación al cuarto desafío “desperdiciado”, según el teólogo, por no haber ayudado a los países africanos en la lucha contra la superpoblación, aprobando los métodos anticonceptivos y admitiendo el uso de los preservativos en la lucha contra el sida, sin ninguna argumentación válida para declarar esto en contra del Papa. Pienso que el problema de la superpoblación es un problema diferente al problema de la vida o de la muerte así como también es diferente el problema de relaciones sexuales sin responsabilidad y muchas veces perversas. En ambos casos son muchos los pasajes bíblicos que condenan tales actos. Sirvan de ejemplos el caso del incestuoso (1 Cor. 5), la condenación de la fornicación (1 Cor., 6,12-20), etc. Los Papas tienen la obligación de conservar el depósito de la revelación y de custodiar las legítimas enseñanza del Magisterio de la Iglesia en todo aquello que esté relacionado con la fe y las costumbres. La apertura de la Iglesia y su “modernización” o más bien su renovación no consiste en asemejarse al “mundo” como enemigo de Dios sino en vivir cada día de nuestra existencia conforme a la fe que profesamos por medio de los sacramentos del Bautismo y Confirmación.
El quinto desafío “desperdiciado” sobre el reconocimiento de la teoría de la evolución y aprobación de nuevas formas de investigación para agradar a los “científicos” defensores de las ciencias modernas, me parece inconcebible esta postura de Küng, ya que la teoría científica de la evolución está sustentada en un materialismo radical, que reduce el espíritu humano a una derivación evolutiva más perfecta de la materia, olvidándonos de que nadie da lo que no tiene. Y existen ya muchos epistemólogos que atacan a la ciencia positiva por reduccionista y hegemónica.
El desafío sexto también “desperdiciado” según el mismo autor, es no sólo inaceptable sino también doloso y mentiroso, pues él dice que “este Papa relativiza los textos conciliares y los interpreta de forma retrógrada contra el espíritu de los padres del concilio”. Invito a releer los siguientes textos conciliares tomados del Concilio Vaticano I en su sesión IV, capítulo I: de la institución del primado apostólico en el bienaventurado Pedro:
“Enseñamos pues, y declaramos que, según los testimonios del Evangelio, el primado de jurisdicción sobre la Iglesia universal de Dios fue prometido y conferido inmediata y directamente al bienaventurado Pedro por Cristo Nuestro Señor. Porque sólo a Simón –a quien ya antes había dicho: Tú te llamarás Cefas (Joh. I,42-), después de pronunciar su confesión: Tu eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo, se dirigió el Señor con estas solemnes palabras: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque ni la carne ni la sangre te lo ha revelado, sino mi Padre que está en los cielos. Y Yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella, y a ti te daré las llaves del reino de los cielo. Y cuanto atares sobre la tierra, será atado también en los cielos; y cuanto desatares sobre la tierra, será también desatado en el cielo (Mt. 16,16ss). Y sólo a Simón Pedro confirió después de sus resurrección la jurisdicción de pastor y rector supremo sobre todo su rebaño, diciendo: <Apacienta a mis corderos>. <Apacienta a mis ovejas> (Joh. 21,15).
Y en el capítulo 2 del mismo concilio habla de la perpetuidad del primado del Romano Pedro en los Romanos Pontífices:
“…<A nadie en verdad es dudoso, antes bien, a todos los siglos es notorio que el santo y beatísimo Pedro, príncipe y cabeza de los Apóstoles, columna de la fe y fundamento de la Iglesia Católica, recibió las llaves del reino de manos de Nuestro Señor Jesucristo, Salvador y Redentor del género humano; y, hasta el tiempo presente y siempre, sigue viviendo y preside y ejerce el juicio en sus sucesores> (Concilio de Éfeso, v. 112), los obispos de la Santa Sede Romana, por él fundada y por su sangre consagrada. De donde se sigue que quienquiera sucede a Pedro en esta cátedra, ése, según la institución de Cristo mismo, obtiene el primado de Pedro sobre la Iglesia universal”.
Asimismo, Küng agrega en este desafío que el Papa va en contra del Derecho canónico, que sostiene según él que el concilio ecuménico representa la autoridad suprema de la Iglesia, lo cual es también mentira a juzgar llanamente los siguientes cánones referentes al tema:
“El Obispo de la Iglesia Romana, en quien permanece la función que el Señor encomendó singularmente a Pedro, primero entre los Apóstoles, y que había de transmitirse a sus sucesores, esa cabeza del Colegio de los Obispos, Vicario de Cristo y Pastor de la Iglesia universal en la tierra; el cual, por tanto, tiene en virtud de su función, potestad ordinaria, que es suprema, plena, inmediata y universal en la Iglesia, y que puede siempre ejercer libremente” (C. 331)
“El Colegio Episcopal, cuya cabeza es el Sumo Pontífice y del cual son miembros los obispos en virtud de la consagración sacramental y de la comunión jerárquica con la cabeza y miembros del Colegio, y en el que continuamente persevera el cuerpo apostólico, es también , en unión con su cabeza y nunca sin esa cabeza, sujeto de la potestad suprema y plena sobre toda la Iglesia” (C.336).
De donde se infiere que la autoridad suprema de la Iglesia Católica es el Papa y el Colegio Episcopal sólo es también autoridad suprema cuando el Papa lo determine y además siempre en unión con él.
Con relación al séptimo desafío sobre la readmisión de los obispos de la Hermandad Sacerdotal San Pío X, yo diría que tal desafío en lugar de haber sido “desperdiciado” fue una oportunidad para reencontrar parte de la unidad perdida a través del tiempo.
Con referencia al octavo desafío sobre el apoyo papal para celebrar ocasionalmente la Santa Misa en latín, me parece intrascendente esta observación de Küng, ya que dicha celebración no descarta la reforma del Vaticano II al respecto y la Eucaristía substancialmente es la misma.
El desafío noveno sobre los sacerdotes anglicanos casados que solicitaron su vuelta a la Iglesia Católica, y su admisión de parte del Papa en lugar de entorpecer el entendimiento con la Iglesia Anglicana, recurro al sentir del Presidente de la Conferencia Episcopal de Inglaterra y Gales, Mons. Vicent Nichols, quien explicó que la explicación de la constitución apostólica Anglicorum coetibus del Papa Benedicto XVI sobre la admisión de los anglicanos en la Iglesia Católica, constituye un importante aliento al diálogo con ellos y “tendrá importantes consecuencias” en Inglaterra.
Por último, el décimo desafíos sobre el supuesto refuerzo a “los poderes eclesiales contrarios al concilio con el nombramiento de altos cargos anti-conciliares… y obispos reaccionarios en todo el mundo”, me parece demasiada atrevida su afirmación en el entendido que el Pontífice vigila la pureza del mensaje de Cristo, Hijo de Dios y Fundador de la Iglesia Cristiana.
Las alusiones directas en contra del Papa después de estos desafíos son injuriosos y alejados de los principios revelados por el mismo Cristo, pues su Iglesia, nuestra Iglesia, no fue instituida con las pretensiones de una sociedad mundial mundana sino divina a pesar de que en la práctica algunos de sus representantes no han sido congruentes con su testimonio. La Iglesia Católica no es una institución humana sino divina, pero administrada por seres humanos, expuestos a sus debilidades que deberán rendir cuentas a Dios y las instituciones civiles cuando el caso lo exija. Hagamos memoria de las palabras que Cristo profirió a Pilatos: “Mi Reino no es de este mundo…” Unas reflexiones más sobre las seis propuestas que Hans Küng hace a los Obispos católicos de todo el mundo.
En la introducción de estas propuestas, él hace afirmaciones muy severas relacionadas con los desafíos precedentes, sin distinción del contenido de cada uno de ellos y aseveraciones tan generales sin un fundamento explícito, al decir que altos dignatarios de la Iglesia confirman lo dicho por él, innumerables curas y educadores de jóvenes igualmente los confirman y están respaldadas por “millones de católicos”. A todas vistas se ve que él intenta “ASEGURARSE” por estas declaraciones en la defensa de su postura , no sólo inaceptable sino preñada de relativismo epistémico y moral así como de secularismo.
He aquí las propuestas:
1ª) No callar. Trata de intimidar a los destinatarios, al decirles que el silencio de las irregularidades mencionadas de acuerdo a su texto, los hace cómplices de tales escándalos.
2ª) Acometer reformas. Ciertamente ante la crisis de la Iglesia, todos debemos hacer algo en pro de ciertas reformas, pero no a costillas del Depósito de nuestra Fe, de la Revelación.
3ª) Actuar colegiadamente: Esto me parece correcto, pero siempre y cuando se actúe con aprobación del Papa.
4ª) La obediencia ilimitada sólo se debe a Dios: Le recuerdo por lo dicho anteriormente, recurriendo a fuentes bíblicas y del magisterio de la Iglesia, que la obediencia al Papa es entendida en cuanto ejerce la autoridad divina delegada por Jesucristo a Pedro y a sus sucesores y además no es ilimitada sino en todo lo concerniente a la Fe y costumbres morales cristianas, fundamentadas en la Palabra de Dios.
5ª) Aspirar a soluciones regionales: Esta propuesta va en contra del canon 333, que a la letra dice: “En virtud de su oficio, el Romano Pontífice no sólo tiene potestad sobre toda la Iglesia, sino que ostenta también la primacía de potestad ordinaria sobre todas las iglesias particulares y sobre sus agrupaciones, con lo cual se fortalece y defiende al mismo tiempo la potestad propia, ordinaria e inmediata que compete a los Obispos en las Iglesias particulares encomendadas a su cuidado”. Por lo tanto, la propuesta hecha por él acerca del celibato sacerdotal no procede.
6ª) Exigir un concilio: También esta propuesta va en contra del Derecho Canónico, que en su canon 338 dice que: “Compete exclusivamente al Romano Pontífice convocar el Concilio Ecuménico, presidirlo personalmente o por medio de otros, trasladarlo, suspenderlo o disolverlo, y aprobar sus decretos”.
Considerando seriamente y con amor fraterno todo lo expuesto en este comentario, me uno a las oraciones de toda la Iglesia por buscar la unidad entre todos sus miembros, recordando las palabras de Cristo dirigidas a su Padre Eterno: “Padre mío, haz que ellos sean uno como Tu y yo somos uno”.
José Ricardo Perfecto Sánchez, hijo de la Iglesia de Jesucristo por el Bautismo.
* Doctor en filosofía y autor de cinco libros, Profesor e investigador en la UAEM.


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