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“A mi me encanta Dios, es un viejo magnífico que no te toma en serio… Ha puesto orden en las galaxias y distribuye bien el transito en el camino de las hormigas…. Mueve una mano y hace el mar, mueve otra y hace el bosque. Y cuando pasa por encima de nosotros quedan las nubes pedazos de su aliento… A mi me gusta, a mi me encanta Dios, que Dios bendiga a Dios.”
Jaime Sabines
Hace muchos años cuando Dios terminó de crear la tierra se sentó a descansar bajo la sombra de un árbol para admirar todo lo que había creado. Fue entonces que tuvo la idea de crear al hombre, que sería como la cereza sobre el pastel, el punto final de su gran obra. De inmediato convocó a los representantes de todos los animales del reino: del cielo, de la tierra, e incluso de las aguas pidió que mandaran una delegación (fueran las tortugas, las ranas, los patos y los cocodrilos los asignados de cumplir esta última misión).Cuando todos los animales estuvieron reunidos, les habló Dios con un tono muy solemne:- He decidido crear al hombre.Hubo un silencio total en la asamblea. El búho levantó la mano para preguntar algo, pero un changuito, movido más por el deseo de hacerse notar y de pasar por chistoso que por el de aprender algo, dijo en voz alta al mismo tiempo que saltaba de un árbol a otro.- ¿Y qué cosa es eso?Dios se le quedo viendo y sonriendo le dijo:- Bueno, exteriormente será algo que se te parezca, aunque tal vez menos peludo.- ¡Entonces será un animal! Dijo el león contento mientras se lamía los colmillos.- No exactamente. Le respondió Dios irónicamente, al mismo tiempo que se rascaba la barba y trataba de imaginar su nueva creación.Finalmente el búho, que seguía con la mano levantada, pudo formular su pregunta:- ¿Y qué cosa es el hombre?Dios se quedo reflexionando unos instantes y después contestó:- Quiero que sea mi presencia en la tierra, la imagen de su creador, mi obra maestra, mi ¼mi¼, estaba tan emocionado que parecía que algunas lagrimas iban a rodar por su rostro, tuvo que hacer un esfuerzo para poder terminar su frase ¼¡mi hijo!
Los animales que nunca antes lo habían visto tan feliz, comprendieron que se trataba de algo muy importante aunque todavía no sabían bien de qué. El elefante que ya tenía hambre y que comenzaba a encontrar la reunión bastante aburrida, pregunto mientras bostezaba:- ¿Bueno y nosotros qué quieres que hagamos?- Si los he mandado a llamar como representantes de todas las especies esparcidas por la tierra, dijo Dios, es porque quiero que me digan las principales características de cada región, ya sea la selva, la montaña, el desierto, la playa¼ En fin, quiero saber qué lugar presenta las mejores condiciones para mi inspiración. Para que allí pueda yo establecer mi taller de producción.Y después de decirles esto los fue despidiendo, pidiéndoles que llevaran sus saludos a todos los animales del Reino.
Algunos meses después, Dios volvió a reunir a los animales para que le comunicaran sus hallazgos a través de toda la tierra.La primera en hablar fue la jirafa:-Mi gran Señor, después de varios de meses de caminar y caminar a través de la sabana, he visto que ese es el mejor lugar para tu obra. Es muy plana y llena de árboles magníficos. El hombre tendrá mucho espacio para poder correr y poder llegar a ser un gran atleta, además de que podrá contemplar, cada atardecer, el descanso del sol detrás de las montañas.Después fue el turno de un hermoso tigre de Bengala, que no dejaba de caminar de un lado para otro como empezando a impacientarse.- Señor, pienso que no hay mejor lugar para vivir en la tierra que la jungla. En la jungla el hombre se formará un carácter fuerte y dominador, y yo estoy dispuesto a compartir con él mi territorio, ya que tú lo tienes en tan grande estima.Enseguida hablo el águila:- Creo que el mejor lugar son las alturas, el poder volar y contemplar desde lo alto los ríos, los árboles, los animales… Todo parece tan pequeño estando allá arriba. Bueno, dicho sea de paso, no se si has pensado en equipar con alas a tu nueva criatura, pero yo por experiencia propia te lo recomiendo. Dios, que tal vez hasta el momento no había pensado en crear un hombre alado, pareció interesado por la propuesta del águila. Sacó rápido un cuaderno de su bolsa y comenzó a dibujar algunos posibles proyectos de construcción. - Dime un poco más sobre tu experiencia en los aires, le dijo Dios. El águila, contenta por el interés que Dios mostraba, continúo: - Al viajar por el aire el hombre experimentará sobre todo la libertad, la independencia, y el deseo de poder volar cada día más alto.Dios tomó nota de las sugerencias del águila y enseguida escuchó al cocodrilo.- Mi gran Señor, dijo el cocodrilo abriendo su enorme boca. El lugar que tú buscas para tu inspiración lo encontrarás en los pantanos. Es un lugar muy tranquilo en dónde el hombre tendrá todo el tiempo del mundo para descansar.- ¡En los pantanos, estas loco! gritó alarmado un pato, temblando de miedo ante la idea de que Dios pudiera aceptar la sugerencia del cocodrilo, y creara otro animal en los pantanos. - Si quieres algo realmente hermoso y romántico te recomiendo los lagos. Dijo el pato moviendo rítmicamente su pequeña cola. - Allí el hombre podrá soñar y llegar a ser un poeta.- Muy interesante, dijo Dios al mismo tiempo que tomaba rápidamente nota para no perder ninguna idea.Después fue el turno del coyote, que se dirigió a Dios con mucho respeto, metiendo su cola entre las patas.- Oh mi buen Señor, permíteme decirte que si lo que buscas es un solitario y un místico, es en el desierto en donde lo debes formar. Allí el hombre tendrá todo el día y toda la noche para meditar sin ser distraído.Dios tomaba nota de todo y se daba cuenta de que la decisión iba a ser más difícil de lo que él había imaginado, puesto que cada animal le presentaba razones tan fuertes y tan convincentes.Después escuchó durante varias horas todo un desfile de bellas sugerencias y de magníficos argumentos: la ardilla le habló de los bosques, el cóndor de los andes, el chivo de las montañas, el oso de las regiones polares, un papagayo le repetía como merolico que en la selva tropical el hombre sería muy feliz¼. Fueron tantos y tantos animales y consejos, que al final Dios terminó con la mano cansada y un cuaderno lleno de notas, diseños y proyectos.
- ¿Qué hacer? ¿En dónde poner mi taller para crear al hombre? En ocasiones es tan difícil mi trabajo. Tener que tomar decisiones tan importantes tratando de darles gusto a todos. Se decía Dios mientras recorría el paraíso. En todo caso estaba muy feliz de que todos los animales estuvieran tan contentos del lugar que les había tocado. Escuchando hablar a cada uno, se diría que su región era la mejor del paraíso. Sí, después de todo se sintió satisfecho de no haber hecho tan mal su trabajo de creador. Pero le faltaba el hombre. ¿En dónde colocarlo? Fue entonces cuando sin fijarse tropezó con una cigüeña que descansaba a la orilla del camino. - Discúlpame caminaba tan distraído, le Dijo Dios.- No te preocupes, yo tampoco te había visto, estoy tan cansada. Le respondió la cigüeña.-¿Tu no fuiste designada para hablarme de tu región? le preguntó Dios.- Bueno, es porque¼, es porque¼La cigüeña estaba algo apenada y no sabía cómo expresarse. Finalmente dijo: ¼es porque nosotras no tenemos una región particular, no estamos atadas a ningún lugar preciso. El mundo entero es nuestra casa y es el corazón el que nos mueve para recorrerlo.Dios permaneció un momento en silencio, pensativo, y después le preguntó : - ¿Y por qué no se instalan para vivir en alguna parte, construyen su casa y echan raíces y ¼ ?- Todo eso lo hemos pensado, le interrumpió la cigüeña. Y en ocasiones lo hemos intentado y permanecemos en alguna región por algunos días o semanas, pero al final siempre decidimos partir y emigrar a otras tierras.- ¿Pero por qué? le preguntó Dios intrigado.- Porque pensamos que lo importante y lo que le da sentido a nuestra vida, no es la región por hermosa que ésta sea, la casa o las posesiones que podamos ir acumulando, sino lo que llevamos dentro. Dios tomó nota de todo eso y después dijo:- Sabes, he decidido crear al hombre, pero no se en dónde colocarlo, si tú pudieras darme tu opinión ya que has viajado tanto.- Yo te propondría que lo pusieras en todas las regiones del mundo, por pequeñas e insignificantes que parezcan, es decir, en todos los lugares del paraíso, porque todos los lugares son hermosos. Además, si me lo permites, yo te propondría que lo fabricaras de varios tamaños y colores, como para recordarle que será en su variedad y diferencia que radicará su fuerza y su belleza.- ¡Buena idea! Grito Dios entusiasmado. - Bueno y ahora manos a la obra. Dijo frotándose las manos y doblándose las mangas de su camisa. Después, con un tono solemne (que tomaba cada vez que quería decir algo importante) y poniendo su mano derecha sobre el hombro de la cigüeña le dijo:- Quiero que seas tú quien se encargue de llevar a todos los bebés por todas las regiones del paraíso. ¿Qué te parece?La cigüeña, que tenía un gran instinto maternal, saltó de gusto y abrazó a Dios muy contenta por ser asignada a tan importante misión.
Sin embargo Dios que estaba tan contento, de pronto volvió a mostrarse algo preocupado.- ¿Qué es lo que pasa?, le preguntó la cigüeña.- Sabes, queda un pequeño problema, le respondió Dios, Si voy a enviar al hombre a todas las regiones del paraíso, de todas maneras necesito poner mi taller en algún lugar preciso, para que de allí puedan salir a diferentes lugares del mundo.- Es cierto le respondió la cigüeña.Y después de algunos momentos de silencio y de reflexión, la cigüeña dijo:- Hay un lugar en el paraíso que es muy visitado por los animales, es una pequeña isla en la que nosotras nos detenemos de vez en cuando para descansar. Es un lugar agradable y, por su diversidad, tal vez pueda ayudarte para tu inspiración. Dios rápido le mostró un gran mapa de todo el paraíso para que ésta le pudiera indicar con precisión el lugar. La cigüeña observó el mapa unos instantes y después con su pata derecha le indicó el sitio. Y mientras Dios lo señalaba con un círculo rojo, dijo a la cigüeña:- Es allí donde voy a establecer mi taller, y a ese lugar con el tiempo los hombres lo llamaran « La Ciudad de la luz»*, porque es allí donde los hombres verán la primera luz del sol.
Mientras doblaba el mapa, Dios continuó hablando:- He tomado nota de todos los consejos que me han dado los animales, y de los tuyos claro está. Haré a los hombres diferentes, pero a la vez unidos como los colores del arco iris. Y les pondré un signo distintivo para que puedan reconocerse como hermanos en cualquier parte del mundo en donde estén. ¡Ese signo será la sonrisa! Cuando un hombre vea en el rostro del otro dibujarse una sonrisa, sabrá inmediatamente que están hechos en la misma casa, que han salido del mismo taller, y que tienen un mismo Padre que los ama y que cuida por ellos.
Después de decidir todo esto, Dios y la cigüeña se fueron caminando. Algunas gotas de agua comenzaban a caer, y el Sol, que se ponía su pijama roja, bostezaba como queriendo dormir. Dios le dijo a la cigüeña:- Mañana se anuncia un día hermoso¼
* “El taller de Dios y otros cuentos e historias más” Autor, Dr. Francisco Xavier Sánchez Hernández. Ediciones Edamex, México, 2009.


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