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El 18 de agosto, Religión Digital publicó la nota de Jesús Castro, del periódico La Vanguardia, “Arizmendi pidió al Vaticano que ordenase sacerdotes casados” en la cual afirmó la intención del obispo de San Cristóbal de Las Casas para que Roma estudiara la ordenación de diáconos casados debido a una propuesta del Plan Diocesano de Pastoral 2005 presentado por el obispo que mantenía la intención de “escuchar con atención y discernir la solicitud de algunas comunidades para que diáconos indígenas casados puedan ser admitidos a la ordenación sacerdotal, previa formación conveniente”.
El tema del diaconado permanente fue un problema que afrontó el antecesor de Arizmendi, monseñor Samuel Ruiz, ante la confusión de que el obispo emérito había “ordenado a 100 mujeres como diaconisas” en el año 2000. En esa ocasión, Don Samuel corrigió la información que había sido tergiversada aclarando a las autoridades romanas que la ordenación de diáconos había sido conforme a los cánones, los cuales requieren el consentimiento previo de la esposas para que los varones elegidos pudieran ser ordenados; sin embargo, Roma decidió que la diócesis de San Cristóbal suspendiera las ordenaciones al diaconado permanente por un período de cinco años.
La polémica volvió a desatarse en 2005 cuando el sucesor de Samuel Ruiz, monseñor Arizmendi Esquivel, planteó el Plan Diocesano de Pastoral en una reunión interdicasterial en Roma y del cual se hizo una lectura errónea del número 58 del documento. Jesús Castro refiere a una carta enviada por el propio obispo de San Cristóbal, misma que el periodista tomó de redescristianas.net, donde el prelado explicó que nunca pensó “ordenar presbíteros a hombres casados… (sino) escuchar con atención la petición de algunas comunidades, que nos pedían dar ese paso… Al discernir, pues, la solicitud, estábamos seguros de la negativa.”
En enero de 2007, el obispo Arizmendi Esquivel vuelve a la escena ante la insistencia de los medios que decían que la diócesis del sureste mexicano ya promovía la “ordenación de hombres casados” y explicar, por otro lado, las inquietudes del Prefecto de la Congregación para el Culto Divino, el cardenal Francis Arinze, sobre estas ordenaciones y poner en claro, de una vez por todas, su convicción para obedecer las indicaciones del Vaticano.
En este mensaje, Arizmendi describió la polémica redacción del punto 58 del Plan Diocesano de Pastoral: “Iluminados por el Espíritu y guiados por el Magisterio de la Iglesia universal, escuchar con atención y discernir la solicitud de algunas comunidades para que diáconos indígenas casados puedan ser admitidos a la ordenación sacerdotal, previa formación conveniente, dispuestos a asumir en la fe la decisión de la Santa Sede”. Tal propuesta, de acuerdo a la Congregación Vaticana, adolecía de “graves ambigüedades doctrinales y pastorales”.
Monseñor Arizmendi aclaró el contenido señalando que sus intenciones no estaban dirigidas a la promoción al presbiterado de diáconos casados. El prelado señala: “…Desde que hicimos esta primera redacción, nunca pensamos ordenar presbíteros a hombres casados. El texto insistía en tres puntos: Primero, escuchar con atención la petición de algunas comunidades, que nos pedían dar ese paso. Esto es real y no lo podemos ocultar ni negar. Sienten la necesidad de sacerdotes, inculturados en sus pueblos. Esta petición se oye constantemente en muchos ámbitos eclesiales, también en Roma, y no sólo en nuestra diócesis”.
El obispo no niega que las inquietudes de las comunidades indígenas caminen hacia la instauración del sacerdocio uxorado; sin embargo, es diferente a que los jerarcas mismos lo propongan e impulsen. Ahora, ¿de qué se trataba el discernimiento del cual hablaba el número 58 del Plan? Señala Arizmendi: “Nuestro No. 58 pedía discernir tal solicitud, guiados por el Magisterio de la Iglesia universal. Este discernimiento implica analizar las razones de su petición y, al mismo tiempo, confrontarla con el Evangelio y con la doctrina de la Iglesia. Al hacerlo, somos conscientes de que nuestra Iglesia, avalada por la experiencia de siglos y guiada por el Espíritu, está por el celibato como condición para el sacerdocio, aunque no se pueden negar excepciones que los mismos Papas han hecho en casos particulares. Yo estoy convencido de la bondad del celibato sacerdotal y nunca abogaría por su no obligatoriedad. Al discernir, pues, la solicitud, estábamos seguros de la negativa”.
Y como afirma Jesús Castro: El Plan Pastoral se modificó. Efectivamente, era necesaria esta reforma ante la lectura errónea que podía indicar que Arizmendi promovía a diáconos casados para ser presbíteros: “A pesar de las explicaciones que di sobre el sentido de este No. 58, como no satisfacían, en ese mismo momento prometí hacer una nueva redacción. Así lo cumplimos inmediatamente y quedó de la siguiente manera: “Escuchar con atención la solicitud que están haciendo algunas comunidades para que diáconos indígenas casados puedan ser admitidos a la ordenación sacerdotal, y ayudarles a discernir su petición, iluminados por el Espíritu Santo y guiados por el Magisterio de la Iglesia universal, advirtiendo con toda claridad que no hay esperanzas de que la Iglesia cambie su práctica, que viene del Evangelio y de la tradición de muchos siglos, y seguirá admitiendo al sacerdocio sólo a hombres célibes”.
Jesús Castro señala que Arizmendi Esquivel había negado la existencia del documento, el Plan Diocesano de Pastoral. Nada más falso. El obispo mismo planteó y aclaró cuál era el sentido de ese plan. Las confusiones obligaron a una modificación para evitar malos entendidos que podrían catalogar a la diócesis de San Cristóbal de rebelde al promover supuestas ordenaciones que serían válidas pero ilícitas y que estarían apartando a la Iglesia local de la comunión con el Santo Padre y la Iglesia Universal.
Y aún cuando RD tituló la nota de Castro como “Arizmendi pidió al Vaticano que ordenase sacerdotes casados”, contradice lo que el obispo aseveró de forma tajante en enero de 2007 teniendo siempre como antecedente el Plan de 2005: “Debe quedar muy claro, y lo repito con insistencia, no alentamos la expectativa de un diaconado permanente orientado hacia el sacerdocio uxorado (casado). No promovemos el sacerdocio de diáconos casados. Escuchamos peticiones de algunos fieles en ese sentido, pero no alentamos tal esperanza. Los diáconos permanentes son permanentemente diáconos y no los encaminamos al presbiterado”.
Tal vez a los “especialistas” religiosos les convendría investigar un poco más.


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