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Hace pocos días celebramos una jornada internacional más de reflexión sobre las mujeres.  Se dijo de todo.  Casi siempre, en referencia al doloroso maltrato que los varones ejercen contra ellas, en México, una de cada dos mujeres manifiesta haber sido víctima de una de las cuatro formas de violencia doméstica: sexual, psicológica, económica y emocional.   

Muy poco se dijo –creo que nada—sobre la devaluada imagen de la mujer que se transmite como información en los medios.  Salvo raras excepciones (Angela Merkl, Hillary Clinton, Michelle Bachelet o Cristina Fernández, quizá también Lorena Ochoa, Paola Espinoza o Ana Guevara), la mujer no se presenta como individuo o persona notable. 

Según

la ONG Women Action, “las líderes, artistas, activistas, economistas y políticas encuentran poco espacio en los medios, y cuando lo hacen, se resalta su vida personal, sus atributos estéticos y sus preocupaciones familiares”.  Y agrega: “Además, a menudo son presentadas como víctimas.  Las mujeres no hacen noticia, salvo que sean estrellas de cine, bandidas o reinas de la belleza”. 

Si bien es cierto que la postura de

la ONG es extrema, tiene la suficiente capacidad para mostrarnos un aspecto que, de ordinario, pasamos desapercibido: el “giro” despectivo de la información en cuanto ésta trata de mujeres.  Quizá no sea fruto de una actitud consciente, pero así opera: “es mujer, luego entonces su actuación pública está mediatizada por los poderes de su cuerpo”.
 

A esto llamo yo “devaluación de la mujer en la información”.  En las noticias sobre estupros –por ejemplo las noticias de violaciones tumultuarias que ahora mismo asombran en Italia—hacen referencia a la “provocativa muchacha”; en las que tienen que ver con decisiones políticas reafirman la cuestión del “sexo débil”; y en las decisiones económicas, no obstante los bancos de micro créditos hayan demostrado que las mujeres son las mejores pagadoras (y las mejores administradoras de los recursos escasos que, de ordinario, poseen las familias), siempre hay un resquicio para hablar de la vocación de compra de lo superfluo que, dicen, las invade (“soy totalmente Palacio”). 

La cuestión podría parecer simpática a algunos.  Pero, mirada de fondo, es tremenda: refleja la capacidad del sistema informativo por convertir a las mujeres en objetos.  Y los objetos se usan y se tiran.  La apropiación machista de las imágenes es peligrosísima: termina muchas ocasiones en golpizas, violaciones, amenazas, insultos y maltratos de toda índole. 

Es tiempo de que los medios reacciones.  Y activen una política de tolerancia cero contra la devaluación ontológica de las mujeres.  Empezando por ir en contra de la devaluación informativa.