Por Angélica Bravo y Cid de León García.- Diariosinsecretos.com/ Agrupación “Jóvenes Contigo”  

*Somos generalmente parciales y quitamos lo que nos avergüenza y entonces vivimos con una identidad prestada que acomodamos a las circunstancias, y lo peor no nos aceptamos tal y como somos verdaderamente.  

Desde siempre el hombre se ha hecho la pregunta ¿Quién soy? La ciencia ha tratado de contestarla sin ningún éxito. Los biólogos dicen que somos el último estadio de la evolución. Los físicos y químicos se refieren a nosotros como la máquina perfecta, sin embargo el error que cometen es generalizar la respuesta a una pregunta universal. 

¿Quién soy? 

Y es que esa pregunta sólo la puede responder cada quién a sí mismo. Ya que mostramos sólo una parte de nosotros a los demás, lo que aparentamos ser. 

El segundo problema que nos impide responder esta pregunta está en que casi siempre tratamos de justificar nuestros defectos, creyéndonos nosotros mismos lo que no somos. 

El tercer problema para resolver ésta incógnita tan fascinante, es que buscamos la respuesta fuera de nosotros, cuando está impresa en nuestra naturaleza, dentro de cada individuo y me atrevería a decir que fue Dios quien la puso ahí. Jesús  respondió sabiamente a la pregunta ¿Quién eres? Diciendo- “Soy el que soy”-  La inmensa sabiduría de esas 4 palabras ha sido estudiada por filósofos y psicólogos, llegando a la sencilla conclusión de que no soy otro, ni el que ven los demás, ni el que quiero ser, si no el que soy. Con todos mis defectos y cualidades, con mis virtudes y carencias, con mis buenas y malas intenciones, con mi propia y única historia.  

Soy el que soy. 

Nos cuesta trabajo aceptarnos con esa totalidad, somos generalmente parciales y quitamos lo que nos avergüenza y entonces vivimos con una identidad prestada que acomodamos a las circunstancias. Esa es la causa de la insatisfacción con uno mismo, de ese vacío que taladra la conciencia que sabe que algo está mal con nosotros y nos impide no solo ser felices, si no superarnos. Trascender a nuestra materia para elevarnos a nuestro espíritu que solo lo alimenta la verdad. 

Todos estos siglos hemos estado tan espantados que cerramos los ojos para no vernos a nosotros mismos y fijamos nuestros intereses en descubrir las respuestas a preguntas como: ¿cómo funciona la naturaleza?, ¿qué leyes la rigen?, ¿Qué nuevos combustibles moverán el inmenso aparato de la industria y la economía para seguir produciendo satisfactores, creando nuevas necesidades que nos alejen más de ocuparnos aunque sea un poco de descubrir nuestra verdadera identidad? 

El hombre incompleto. 

Hasta la fecha la historia nos señala concepciones de un hombre incompleto, fragmentado a las corrientes materialistas y hedonistas que le quitan el espíritu: Los estoicos, el sentimiento; los racionalistas, nos creen pura inteligencia. 

“Jóvenes Contigo” te propone que tengamos conciencia de considerar al hombre en su totalidad intelectiva, afectiva, social, material y espiritual. Sin importarnos las limitaciones que a fines particulares imponga considerar la parte espiritual o emotiva. 

Es común escuchar frases como “El empresario debe de ser frío, acallar sus sentimientos para conseguir su fin productivo”, “El político debe para conservar el control de su grupo desoír y entender  las razones de los que se atreven a pensar en soluciones diferentes a las que les convienen por los intereses creados que los sostienes, aunque sean más viables y económicas”. 

Nosotros los jóvenes estamos obligados a corregir el rumbo. El método es sencillo, basta considerar al hombre completo. Y con respecto a su dignidad, establecer reglas de convivencia que no lesionen ningún aspecto de su naturaleza. 

El trabajo es grande y difícil porque nos exige vernos como somos, y actuar en consecuencia. Venzamos con valentía y nobleza el miedo de vernos como somos para que conociéndonos podamos actuar con sabiduría. 

En ese orden, primero luchemos por definir nuestra identidad para después ocuparnos del conocer y finalmente actuaremos con sabiduría. 

Soy el que soy, que sea ese tu punto de partida. 

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