
La familia, en los tiempos actuales, ha sufrido quizá como ninguna otra institución, la acometida de las transformaciones amplias, profundas y rápidas de la sociedad y de la cultura que va degradando el sentido de todo.
Muchas familias viven esta situación estoica, permaneciendo fieles a los valores que constituyen el fundamento de la institución familiar. Otras, se sienten inciertas y desanimadas de cara a su cometido, e incluso en estado de duda o de ignorancia respecto al significado último y a la verdad de la vida conyugal y familiar. Unas más, ya perdieron toda brújula moral y se permiten cualquier cosa por degradante que sea para sus miembros. Otras, en fin, a causa de diferentes situaciones de injusticia, sobre todo económicas, se ven impedidas para realizar sus derechos fundamentales.
Aunado a lo anterior, a través de diversas formas, se ataca a la institución familiar sin percatarse en los grandes y graves efectos que ello causa en la sociedad toda, ya económicos, sociales, en la convivencia cotidiana y en el deterioro de la calidad de vida en general. Recordemos aquí, que esta situación viene de tiempo atrás, dado que el ataque sistemático a la familia tradicional viene desde los años 50’s, cuando se promueve fuertemente el divorcio y posteriormente la ola feminista en los 60’s y 70’s.
La situación en la que se halla la familia presenta aspectos positivos y aspectos negativos.
En efecto, por una parte existe una conciencia más viva de la libertad personal y una mayor atención a la calidad de las relaciones interpersonales en el matrimonio, a la promoción de la dignidad de la mujer, a la procreación responsable, a la educación de los hijos. Hoy, a diferencia de hace 30 años, existen escuelas para padres, institutos de orientación familiar con personal profesional, diversas entidades enfocadas a proporcionar terapias para los diversos miembros de la familia.
Las relaciones filiales tienen mayor cercanía y confianza para abordar temas que antes eran tabú. Lejos quedan en el recuerdo las películas costumbristas del cine mexicano de los 40’s y 50’s donde la autoridad paterna era férrea ?aunque se extraña algo de esa autoridad?, y quizá en algunos casos hasta físicamente autoritaria. La relación entre esposos ahora se da con una mayor demostración de cariño que la que antes permitían los cánones sociales…
No faltan sin embargo en la actualidad, signos de preocupante degradación de algunos valores fundamentales: una equivocada concepción teórica y práctica de la independencia de los cónyuges entre sí que ha llevado a abusos de muchos órdenes; las graves ambigüedades acerca de la relación de autoridad entre padres e hijos, herencia de los ataques sistemáticos a la autoridad paterna basados en las tesis de la Escuela de Frankfurt, las dificultades concretas que con frecuencia experimenta la familia en la transmisión de los valores pues compite con una vorágine de publicidad y contenidos de programas en los medios electrónicos que difunden las flaquezas de la naturaleza humana porque son las que “venden y aumentan raitings”; el número cada vez mayor de los divorcios, la plaga del aborto, el recurso cada vez más frecuente a la esterilización (aun sin el consentimiento de las personas), la instauración de una verdadera y propia mentalidad anticoncepcional.
En la base de estos fenómenos negativos está muchas veces una corrupción de la idea y de la experiencia de la libertad, concebida no como la capacidad de realizar la verdad y actuar con justicia y honestidad, sino como una fuerza autónoma de autoafirmación, no raramente contra los demás, en orden al propio bienestar egoísta.
Pero también, este origen se comparte con los lobbys globalizados que impulsan una agenda de destrucción de la familia tradicional desde las diversas Conferencias sobre población, mujer y familia auspiciadas por la ONU. No olvidemos los “acuerdos y compromisos” a que se obligan los países firmantes de esos acuerdos impuestos en dichas Conferencias dominadas por esos lobbys antifamilia y proabortistas.
Las consecuencias negativas de dichos ataques a la familia han repercutido en la sociedad reflejándose en los siguientes números a manera de ejemplo y que preocupan en orden al bienestar de las familias:
A) Creciente número de divorcios (la tasa de divorcios pasó de 19.22 en
B) Por cada 100 enlaces realizados en 2005, se registraron 11.8 divorcios (INEGI)
C) Deterioro en el nivel de vida de la población.
D) Creciente el número de madres solteras adolescentes (más de 600 mil); en el DF, una de cada cuatro mujeres (24 por ciento de menos de 25 años de edad) tuvo su primer hijo o hija durante la adolescencia en una relación premarital.
E) Aumento en el consumo de algún tipo de droga.
F) Oportunidades insuficientes en la oferta laboral para jóvenes (sobre todo de familias pobres).
G) Aumento en el número de hogares familiares monoparentales con jefe mujer.
H) Profusa difusión de material pornográfico que se relaciona con el incremento del número de delitos sexuales.
I) Nula ayuda a familias con varios hijos.
J) Ancianos abandonados o con poco auxilio de su familia.
K) Pérdida de la orientación ética y moral en la sociedad.
Al final de esto, lo que subyace, y nos queda muy claro, es que hay un rechazo de la verdad objetiva de la naturaleza humana (qué es el hombre) como fundamento y guía de la actuación recta de la persona (que debe de hacer, qué es bueno o malo), y que dicho rechazo implica, por supuesto, al modelo de familia tradicional fundada en la unión indisoluble entre un hombre y una mujer, de forma exclusiva dentro del matrimonio.


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