Cuando los medios de comunicación habían trabajado el martes entero para cubrir la jornada electoral en los Estados Unidos, cuando los noticiarios y los diarios tenían listos sus encabezados para cantar el triunfo de Barack Obama, de pronto la prioridad de la información cambió. A las seis de la tarde con 50 minutos, cuando se estrelló en las calles de la ciudad de México el avión en que viajaba el secretario de Gobernación con otros funcionarios, se supo que la noticia que daría el nombre del sucesor de George Bush no era lo que más importaba a los mexicanos.
Por la noche del martes Benedicto XVI había enviado un mensaje de felicitación al presidente electo de los Estados Unidos, Barack Obama, en el que le alienta a “construir un mundo de paz, solidaridad y justicia” y le garantiza sus oraciones para que Dios le asista en sus “elevadas responsabilidades al servicio de la nación y de la comunidad internacional. Que las abundantes bendiciones del Señor le apoyen a usted y al pueblo estadounidense en sus esfuerzos, junto a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, para construir un mundo de paz, solidaridad, y justicia”.
El mensaje fue comunicado a los periodistas por el padre Federico Lombardi, Director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, quien agregó un comentario personal sobre el desafío que afrontará Barack Obama como presidente, cuando dijo que “la tarea del presidente de los Estados Unidos es una tarea de inmensa y altísima responsabilidad no sólo para su país, sino para todo el mundo, dado el peso que los Estados Unidos tienen en todos los campos del escenario internacional. Por ello todos deseamos al nuevo presidente Obama que responda a estas expectativas y a las esperanzas que se depositan en él, sirviendo eficazmente al derecho y la justicia, y encontrando caminos adecuados para promover la paz en el mundo; favoreciendo el crecimiento y la dignidad de las personas en el respeto de los valores humanos y espirituales esenciales. Los creyentes rezan para que Dios le ilumine y le asista en su elevadísima responsabilidad.
Por la tarde del miércoles, el Nuncio Apostólico de Su Santidad en México, Monseñor Christophe Pierre, hacía llegar al Presidente de México el siguiente comunicado textual:
“Excelentísimo Señor Presidente Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, cumplo con el deber de transmitirle el siguiente mensaje del Santo Padre Benedicto XVI:
<Excmo. Sr. Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, Presidente Constitucional de los Estados Unidos de México:
El Santo Padre Benedicto XVI, vivamente apenado al conocer la triste noticia de la trágica muerte del Sr. Juan Camilo Mouriño Terrazo, Secretario de Gobernación, en el accidente aéreo que ha ocasionado además otras víctimas y numerosos heridos, desea manifestar a Vuestra Excelencia y a su Gobierno, a todos los familiares y al Pueblo mexicano su más sentido pesar, así como su paternal cercanía.
Al mismo tiempo, Su Santidad ofrece sufragios por el eterno descanso de los fallecidos y ruega al Señor por el pronto restablecimiento de los afectados.
Al unirme también yo a los sentimientos de dolor del Sumo Pontífice, le renuevo el testimonio de mi más alta y distinguida consideración. Cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado>
Uniéndome a los sentimientos del Santo Padre, me sirvo de la circunstancia para manifestarle mi más sentido pésame y reiterarle mi más alta estima y consideración. Christophe Pierre, Nuncio Apostólico en México”.
Coincidiendo la llegada a México, para la preparación del Encuentro Mundial de las Familias a celebrarse en enero próximo, del cardenal Ennio Antonelli, con la noticia del accidente, envió sus condolencias al presidente Felipe Calderón, y dijo que “Auguro a México encontrar la paz, la colaboración, la esperanza, es un pueblo lleno de entusiasmo y creatividad, un pueblo que ve al futuro con sus tradiciones cristianas, es un pueblo que tiene energía para ver adelante con gran confianza”.


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