

ü Los países “más católicos” del orbe: Brasil, México y Estados Unidos.ü Generalmente el antitestimonio sacerdotal es uno de los detonadores para que el creyente diga adiós y se refugie en un movimiento religioso alterno.ü Los nuevos grupos religiosos llevan muchísima ventaja en esto, especialmente por el uso de los medios de comunicación.ü Mons. Walmor Oliveira de Azevedo: las sectas siguen siendo un desafío porque el católico no ve en la Iglesia la presencia de Dios.ü La persona que ha abrazado una “nueva fe” lo transmite con alegría.
Más de la mitad de los católicos vivimos en América. En este continente se encuentran los países “más católicos” del orbe: Brasil, México y Estados Unidos. La idiosincrasia de nuestros pueblos está íntimamente ligada a la fe y a la religiosidad católica que ha moldeado nuestra conciencia desde que los europeos llegaron al nuevo mundo e injertaron una creencia distinta a la de los antiguos habitantes.
Los prelados europeos de la Iglesia se admiran cuando vienen a México. Quedan impactados ante las demostraciones de religiosidad popular que pocas veces se aprecian en el viejo continente, por las peregrinaciones hechas a los principales santuarios marianos, las devociones eucarísticas, la atención y reverencia a los sacerdotes… Los jerarcas eclesiásticos se sientan en casa, a diferencia de la sequedad europea. El mismo Juan Pablo II reconocía estos valores del pueblo mexicano y el pontífice polaco se sentía pleno al estar en este país, teniéndolo como segunda patria, la nación de la virgen morena, como la Polonia que alberga a la virgen negra de Chestojowa.
La cuestión es que este México siempre fiel ya no lo es tanto. En las áreas urbanas, particularmente, la gente católica cuestiona la autoridad de la Iglesia y el papel de los ministros en la vida personal. Mientras que la religión, en el siglo XIX, se encontraba presente en todos los aspectos de la vida, el siglo XXI ve a un México que disiente de la autoridad eclesial. La proliferación de sectas y nuevos movimientos religiosos es una de estas manifestaciones. Nominalmente, México es una nación católica; sin embargo, en la geografía nacional, la influencia del catolicismo varía de región en región; el sur de México, pobre y menos desarrollado, tienen una tasa de católicos menor a la de los del occidente, norte y las áreas urbanas importantes del país.
Si bien la Iglesia es una de las instituciones que más credibilidad tiene para la opinión pública, su autoridad viene a ser cuestionada y la doctrina del magisterio es una cosa que el creyente acepta libremente. La necesidad de Dios y de una religión que sea “sencilla” y sin mayores complicaciones han dado paso al surgimiento de cultos que se amoldan perfectamente a las necesidades de los católicos insatisfechos. ¿Por qué un bautizado deja la Iglesia? Generalmente el antitestimonio sacerdotal es uno de los detonadores para que el creyente diga adiós y se refugie en un movimiento religioso alterno. Otros manifiestan que la Iglesia es un lugar donde no hay acompañamiento, es despersonalizado, frío, nadie se conoce; asistir los domingos a misa es cumplir con una obligación que salda una deuda que deberá repetirse semana a semana, no hay sentido de comunidad, fraternidad y solidaridad.
Igualmente, la comunidad católica parece haber fallado. En una ciudad como la capital del país, muchas personas viven situaciones angustiantes y desesperadas: problemas de dinero, de amor, enfermedades, seres amados ausentes, drogas, relaciones destructivas… La mayoría de las parroquias en la ciudad de México no han activado planes específicos de atención a esta problemática. Le gente se acerca a la comunidad para pedir perdón y consuelo del sacerdote y apoyo de los fieles y, en ocasiones, el cura no tiene tiempo o aplaza la atención del feligrés desesperado para mejor ocasión. Los nuevos grupos religiosos llevan muchísima ventaja en esto, especialmente por el uso de los medios de comunicación. Independientemente del origen de sus recursos y los fines que busquen, iglesias como la Universal del Reino de Dios o Pare de Sufrir, tiene presencia constante y efectiva en radio y televisión y la mercancía que ofrece es justo la que quiere una persona que está sumida en problemas que no tiene solución humana. ¿O qué decir del culto a la santa muerte? Una “devoción” justo a la medida para “complacer” a los sectores urbanos más necesitados como las personas subempleadas, de educación y preparación nula o escasa, raterillos y delincuentes que forman el crimen organizado.
Y un elemento más, tal vez el que más debería interpelar la conciencia de los bautizados: quienes se van del cuerpo eclesial lo hacen porque no ven a Dios en la Iglesia. Y la afirmación viene de un sucesor de los apóstoles, de Mons. Walmor Oliveira de Azevedo, de Belo Horizonte, Brasil, quien afirmó, en el marco del sínodo de los obispos que se realiza en Roma, que las sectas siguen siendo un desafío porque el católico no ve en la Iglesia la presencia de Dios.
Y es que la diócesis de Belo Horizonte registra una de las tasas más altas de fieles que dejan el catolicismo. Su obispo afirma que no es un problema teológico, sino de método: “Muchas veces la gente sencilla que abandona nuestra Iglesia no lo hace por lo que los grupos no católicos creen, sino fundamentalmente por cómo viven esa pertenencia, no por motivaciones dogmáticas, sino pastorales, no por problemas teológicos, sino de método dentro de nuestra Iglesia“.
Y no es raro saber que la persona que ha abrazado una “nueva fe” lo transmite con alegría, ha descubierto algo nuevo que le ha cambiado la existencia y su forma de ser y actuar se transforma radicalmente, dejando vicios y actitudes que le estaban destruyendo. Lo que no tuvo en el catolicismo, lo consiguió en otras iglesias: una nueva vida enraizada en Dios y fundamentada en la Sagrada Escritura.
Es urgente reactivar un ejercicio pastoral que vaya a los más desesperados en la Iglesia y, sobre todo, el testimonio de paz y solidaridad que necesita el mundo, especialmente los que se encuentran sedientos de Dios.


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