¡Ya basta! De ese modo, el 7 de julio se daba por terminado el gobierno de coalición entre socialdemócratas y conservadores en Austria, luego de las elecciones en 2006, donde ambos partidos quedaron al frente del Parlamento austriaco, y por tanto, para formar gobierno, bajo la dirección de Werner Faymann como Primer Ministro.  

Tras la ruptura de la coalición, se convocaron a nuevos comicios, celebrado el pasado 28 de septiembre, que dieron por resultado el resurgimiento del ultranacionalismo con el Partido Liberal de Austria (FPÖ), dirigido por Heinz-Christian Strache, y la Alianza para el Futuro de Austria (BZÖ), con Jörg Haider, ambos partidos lograron en su conjunto 55 diputados, frente a 57 de la socialdemocracia (SPÖ) y 51 de los conservadores (ÖVP).  

De acuerdo con los resultados, consultados en la página de Wikipedia, el FPÖ y el BZÖ serían prácticamente los únicos partidos en registrar avances tanto en votos como en escaños en el Parlamento austriaco, representando esto el mayor golpe a los partidos tradicionales, SPÖ y ÖVP en apenas 9 años.  

Ya antes, en la elección del 3 de octubre de 1999, el FPÖ, bajo el liderazgo de Jörg Haider, había logrado por si mismo 52 diputados, colocándose como la segunda fuerza de Austria, y dando su aval para que los conservadores, la tercera fuerza, aunque también con 52 diputados, pudiesen formar gobierno. En esta ocasión, si bien los nacionalistas llegan divididos en dos bloques, ninguno de estos ha rehusado cooperar con el otro en caso de que tuvieran que formar gobierno.  

Como primera lectura de estos resultados, podemos considerar que hay un creciente malestar hacia los partidos tradicionales, como reacción al pobre desempeño económico que ha tenido Austria en los últimos años, bajo gobiernos socialistas o conservadores. A esto hay que añadir asuntos como la criminalidad, el debate sobre las privatizaciones, así como el alcance del sistema de pensiones.  

En esto no debemos dejar de observar la creciente inestabilidad del sistema político austriaco, siendo que en 14 años se han celebrado 6 elecciones, siendo la elección de 2002, la única en la que un partido logró una posición clara, como fue el caso del ÖVP, aunque a costa del desplome del FPÖ, que recién había sufrido una fractura.  

Ahora bien, esta elección tiene aún alcances mayores, toda vez que el triunfo de los ultranacionalistas pone en entredicho una mayor integración de Austria en la Unión Europea, en un momento en que este órgano no pasa por su mejor momento, considerando que ya antes el proyecto de Constitución de la UE fue rechazado en referéndum en Francia y Holanda, que de esto último el Tratado de Lisboa, que remodela gran parte de las instituciones de la UE para darle un enfoque más integracional, tuvo que ser ratificado por los parlamentos nacionales, en vez de por referéndum.  

A esto último hay que agregar que en el contexto actual de la crisis financiera global, el Banco Central Europeo no ha podido consolidarse en cuanto a coordinar la estrategia para hacer frente a esta situación.  

Por el momento, no es probable que el triunfo del FPÖ y BZÖ lleve a otros partidos de línea euroescéptica a lograr avances similares, no obstante, esto bien podría representar una tentación para partidos mayoritarios, tanto en el gobierno como en la oposición, a adoptar posturas menos comprometidas con la UE. Además de que el papel que podría jugar Austria dentro de la Unión se vería debilitado, aún en caso de que se volviera a formar otro gobierno de coalición SPÖ-ÖVP.  

El FPÖ y el BZÖ han sabido capitalizar el descontento de los austriacos respecto a la clase política tradicional, algo que está por verse si los socialdemócratas y los conservadores logran hacer. Está claro que si el nacionalismo logró recuperarse de su caída en 2002, fue por la mediocre actuación que han tenido los gobiernos tradicionales de Austria, pero también porque han podido conectar con aquello que ha disgustado a sus conciudadanos y que ahora les ha llevado a tener de nuevo una posición privilegiada en el juego político. Ya se verá si los nacionalistas logran encabezar en esta ocasión el gobierno, y si, como esperan sus seguidores, llevar a un mejor futuro a Austria.