Primero las marchas lésbico-gay  y transexual se hicieron presentes en este país. Faltaba el colmo, una marcha convocada con el fin de reconocer a los ateos que se encontraban en el ‘closet’.  

La primera marcha efectuada en México también tuvo eco en Colombia, España, Alemania, Italia y Reino Unido. Este 28 de septiembre se dieron cita para mostrar a la sociedad  que por no contar con creencia religiosa alguna, no significa que se dediquen a trasgredir la ley y a ser enemigos de las instituciones religiosas. 

Decenas o centenas de años han existido los ateos, pero a este siglo XXI, su aparición denota una sola opinión, quienes convocan requerían o deseaban ser reconocidos y no por el hecho de ser ateos o indefensos para cualquier confesión religiosa, sino para saborear el poder salir a la luz de los medios. 

A diferencia de movimientos con tintes religiosos, ellos no aparecen exigiendo se detenga alguna iniciativa contraria a la moral o la vida. El ego es sin duda lo que les impulsa a decir que están “en defensa del pluralismo laico, del derecho a no creer y a no ser obligados a creer”. Este último es sin duda un aspecto de risa por considerar que no son personas de escasa edad, son personas que conformaron una “comunidad atea” por el hecho de creerse conocedores de la vida y del concepto de ateísmo y ante todo por tener la libertad de aceptar o no una creencia, no por imposición sino por convicción. 

Todos tenemos a Dios en la mente, a quien quieren ocultar que piensan en Él, su manifestación nos muestra que desean estar tranquilos, ¿con quién? ¿con la sociedad o con ellos mismos? Júzguelo usted mismo.