Se tiene la idea generalizada de que como la versión oficial difundida por la Secretaría de Estado de la Santa Sede, tres horas después de haberse hallado el cuerpo muerto del Papa recostado en su cama, es que murió víctima de un infarto agudo al miocardio, es obligación de todo creyente creer en esa versión sin dudar y sin investigar. Sin embargo no es así, pues un comunicado de la Secretaría de Estado no equivale a un decreto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe y menos todavía a un Dogma.
El pontificado más corto en dos mil años ha sido el de León XI, Alessandro Ottaviano Médici, del 10 al 17 de abril de 1605. Han pasado más de 400 años de su muerte y hay quienes suponen que su pontificado, de 17 días, fue tan breve debido a que murió envenenado.
El segundo pontificado más corto ha sido el de Juan Pablo I, Albino Luciani, del 26 de agosto al 28 de septiembre de 1978. Luego de 30 años de su muerte hay quienes aseguran que su pontificado, de 33 días, fue breve debido a que tomó una sustancia vasodilatadora.
Son muchos los clérigos, investigadores y periodistas que aseguran que el Papa Luciani fue asesinado. Tienen en común, por sospechosos principales, a tres cardenales y a tres laicos miembros de la Mafia italiana que se desempeñaban en diversas instituciones financieras. Los seis, se sabe, se habían afiliado a la logia masónica Propaganda Due.
La mente permite ver a la distancia del tiempo, en el palacio apostólico del Vaticano, hundido en la oscuridad silenciosa de la noche del 28 de septiembre de 1978, al sucesor de Paulo VI con la luz de la lámpara del buró que iluminaba los papeles en los que escribió los inminentes cambios curiales. Antes de eso había tenido una discusión seria con el cardenal Secretario de Estado, Jean Villot. Luego se despidió de sus dos secretarios, John Magee y Diego Lorenzi, cuando pronunció sus últimas palabras: “Hasta mañana, si Dios quiere…”. La Guardia suiza pontificia se mantenía en vigilia y alerta a los peligros que pudiesen llegar del exterior, pero ignorante de la mano criminal que se encontraba dentro, en las habitaciones del apartamento apostólico.
¿Una taza de te, una copa de vino? En una o en otra, las gotas del vasodilatador fueron vertidas esa misma noche. Era el Papa de la sonrisa, el Papa que ignoraba la conspiración que se abalanzaba contra su vida; pero también era el Papa que sabía muchas otras cosas porque había descubierto que en la operación de la venta del Banco Católico del Véneto hubo irregularidades que ensuciaban al obispo Paul Marcinkus, Director del Banco Vaticano, y al laico Roberto Calvi, Director del Banco Ambrosiano. La Santa Sede poseía el 51% de las acciones del banco que había sido vendido. Era también el Papa que había conocido los nombres, develados por el periodista Mino Pecorelli, de 121 obispos y cardenales captados por la logia masónica, que habían perdido la fe movidos por nuevos intereses de un reino que es distinto al Reino de los cielos.
La noche de su muerte el Papa le mostró al cardenal Villot la lista de los cambios curiales que tenía previstos, entre ellos Paul Marcinkus y John Cody, arzobispo de Chicago, arquidiócesis a la que sería enviado Villot. Luego el Papa se retiró a dormir para nunca despertar.
La hermana Lucía de Jesús Dos Santos, una de los tres videntes de Fátima, se había reunido con Albino Luciani el 11 de julio de 1977, un año antes de su muerte, en el convento carmelita de Coimbra. Durante el encuentro alertó al futuro Papa al decirle: “Y en cuanto a usted, Señor Patriarca, la corona de Cristo y los días de Cristo”. La profecía parece cumplida, pues su pontificado fue su corona de espinas ya que nadie parecía ayudarle en su tarea y los que le rodeaban intentaron frenar sus cambios y propuestas. Los días de Cristo, 33 años según la tradición, uno por cada uno de los días del segundo pontificado más corto en dos mil años.
El embalsamamiento de su cuerpo, del que nada de sangre fue retirada, se había hecho a las 14 horas de encontrarse el cadáver aunque las leyes italianas prohíben que se haga antes de 24. Después de 30 años de su muerte, es posible que se abra su sepulcro para la beatificación del Papa “Mártir de la Verdad”, y con las modernas técnicas forenses, determinar, aunque sólo sea por el testimonio de un cabello, porqué murió Juan Pablo Primero.



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