Ya desde el año pasado se preveía por algunos analistas el posible problema de un endeudamiento masivo en la sociedad mexicana y esto se originó por el boom que se desató en nuestro país por parte de las instituciones financieras al otorgar miles de créditos sin tantos requisitos. 

Esto lo vemos simplemente con la facilidad que nos llega a nuestro domicilio – sin solicitarlo – una o varias tarjetas de crédito, listas para activarse y ser utilizadas de inmediato. Asimismo los créditos automotrices, con los que mucha gente tiene la oportunidad, que antes muchos veían como imposible, de estrenar un automóvil y ahora con el lujo de que puede ser un automóvil del año. 

Lo mismo sucede con los créditos hipotecarios y vaya que esto requiere igual atención pues ya nuestro vecino del norte ha dado muestra de que un sistema financiero fuerte es tan vulnerable a una mala regulación de créditos hipotecarios y ha presentado serias repercusiones en la economía de otros países incluido el nuestro. Hoy día nuestra economía también comienza a prender los focos rojos por el nivel de endeudamiento a nivel nacional. 

Vale la pena meditar sobre nuestras necesidades personales y realmente adquirir un crédito que esté en nuestras posibilidades reales de pago en base a nuestros ingresos. Es cierto que muchas veces nos gustaría tener las mejores cosas pero también es cierto que no siempre lo que adquirimos lo aprovechamos y de todos modos ya estamos comprometidos con un pago y si no administramos correctamente quedamos atrapados en una deuda monetaria difícil de pagar. 

Actualmente hay mucha población joven de menos de 30 años de edad que cuenta con tarjeta de crédito y es muy común consumir con la tarjetea de crédito de poco en poco 100 pesos, 200, 300, etc. Y no se siente el gasto fuerte; lo interesante está cuando lo vemos reflejado en los estados de cuenta que llegan cada mes y sobretodo si no pagamos en tiempo, las cifras van resultando en miles en muy poco tiempo y eso deja a muchas familias endeudadas y con serios problemas para seguir con una vida tranquila y, por otro lado, si analizamos más el contexto de nuestra sociedad podríamos revisar más consecuencias que afectan, a su vez, las oportunidades de crecimiento e incluso la seguridad porque algunas personas han recurrido a prácticas inmorales como la delincuencia para mejorar sus ingresos. 

Es mejor comenzar por administrar nuestras propias finanzas para que a nivel masivo todas las familias también se administren como sociedad y en un futuro, esperemos cercano, se eviten el tipo de dificultades como las que el día de hoy estamos enfrentando como sociedad. 

El buen juez por su casa empieza.