Millones de mexicanos se manifestaron de manera unísona contra el clima de violencia que hay en el país.
Las marchas efectuadas tanto en el Distrito Federal como en las principales capitales del territorio nacional, tuvieron como característica, que se realizaron en silencio y no tuvieron tintes partidistas.
Los mexicanos se pronunciaron contra el secuestro, contra el robo, contra los asaltos y contra la impunidad.
Exigieron a nuestras autoridades al Presidente de la República, a funcionarios federales, a gobernadores, a presidentes municipales, a legisladores y ministerios públicos y jueces, a cerrar filas en contra de la delincuencia que mantiene en la zozobra a nuestro pueblo.
Está viva la exigencia hecha por el empresario Alejandro Martí, a los funcionarios de todos los niveles de gobierno, y que es respaldada por millones de mexicanos: ¡Señores, si piensan que la vara es muy alta, si piensan que es imposible hacerlo, si no pueden, renuncien, pero no sigan ocupando las oficinas de gobierno, no sigan recibiendo un sueldo por no hacer nada, que eso también es corrupción! En la última semana, los mexicanos recibimos una noticia dolorosa, la validación de la ley pro aborto, crimen de lesa humanidad por donde se le quiera ver. El derecho del ser humano termina donde comienza el del otro, pero los magistrados de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, con su decisión dejaron desprotegido a aquel ser que no se puede defender, el no nacido.
Huésped tan solo por 9 meses del vientre materno y cuya vida desgraciadamente en México dependerá de la decisión de la madre, y la vida no se otorga por buena voluntad es un derecho inalienable del ser humano desde el preciso momento de su concepción.
¿Cuántos inocentes seres humanos de ahora en adelante serán exterminados de la faz de la tierra, de ésta bendita tierra Guadalupana, bajo la protección de la ley? ¿A cuántos seres humanos se les negará el derecho a ver un amanecer o el anochecer? ¿Cuántos seres humanos vivirán el holocausto Hitleriano en el vientre de su madre? ¿Cuántos no podrán llegar ser algún día doctores, abogados o líderes sociales? ¿Acaso el aborto no es una forma de discriminación o de violencia y síntoma de la deshumanización y corrupción de la que hoy está inmerso el mundo? ¿Hacia dónde va nuestra sociedad, nuestro México?
Mientras millones de mexicanos queremos un México más seguro, con mayor seguridad, otros parecen no ir en el mismo sentido.
Hay padres de familia que reclaman justicia por hijos secuestrados y asesinados. ¿Quién reclamará por aquellos que fueron y serán asesinados en el vientre de sus madres?
¿Con qué derecho los magistrados de la Suprema Corte de Justicia de la Nación se erigen como Dioses de la vida y de la muerte, cuando su deber es la de garantizar los derechos fundamentales del Hombre, como es la vida?
Jamás un puñado de magistrados y diputados debió tener el derecho siquiera de decidir sobre la vida, lo que corresponde solo a Dios, a nadie más.
Históricamente el gobierno mexicano se ha pronunciado en contra de la pena de muerte. Me pregunto: ¿Acaso no son viles ejecuciones las que se realizan con aquellos seres humanos que son abortados, con la diferencia que no tienen la oportunidad de gritar en un tribunal que son inocentes y que tienen derecho de existir?
En otra circunstancia, el ejecutado, como sucede en los Estados Unidos con la pena de muerte, es que es tratado con menos crueldad. Una inyección letal o una descarga eléctrica, es la que pone fin a su vida. Y sus seres queridos lo lloran en su tumba. El no nacido, en cambio, es descuartizado, desmembrado, succionado, y aunque siente dolor y miedo y se revuelca en el seno materno, es tirado finalmente en el bote de basura como vil desecho, o es depositado en un frasco con formol para ser “analizado”.
Jueces y legisladores: Con la misma vara que miden, serán medidos. Al que hierro mata a hierro muere. Al avalar un crimen, abren la puerta para que México se desarraigue, para que sangre y sean arrasados sus valores. (correo: diariosinsecretos@yahoo.com)




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