“Se podría pensar que actualmente es poco probable que la gente adore a otros dioses. Sin embargo, a veces la gente adora a otros dioses sin darse cuenta. Los falsos dioses, cualquiera que sea el nombre, la imagen o la forma que se les dé, están casi siempre asociados a la adoración de tres cosas: los bienes materiales, el amor posesivo y el poder.”
La cita anterior es parte del discurso que pronunciara el Papa Benedicto XVI el viernes 18 de julio como parte de las celebraciones de la XXIII Jornada Mundial de la Juventud, en Darlinghurst, lugar donde se halla un centro de recuperación de la Agencia de Servicios Sociales de la Arquidiócesis de Sydney, que atiende a jóvenes delincuentes y drogadictos que allí participan en el programa “Alive”, que significa “estar vivo”, para su rescate de las drogas y de la delincuencia. Así definía el Papa a los ídolos contemporáneos que exigen culto sin distinguir personas, y luego, en el mismo discurso, explicaba a fondo cómo es que cada uno de estos falsos dioses en vez de dar la vida, traen la muerte:
-Los bienes: “Los bienes materiales son buenos en sí mismos. No podríamos sobrevivir por mucho tiempo sin dinero, vestidos o vivienda. Para vivir, necesitamos alimento. Pero, si somos codiciosos, si nos negamos a compartir lo que tenemos con los hambrientos y los pobres, convertimos nuestros bienes en una falsa divinidad. En nuestra sociedad materialista, muchas voces nos dicen que la felicidad se consigue poseyendo el mayor número de bienes posible y objetos de lujo. Sin embargo, esto significa transformar los bienes en una falsa divinidad. En vez de dar la vida, traen la muerte.”
-El amor posesivo: “El amor auténtico es evidentemente algo bueno. Sin él, difícilmente valdría la pena vivir. El amor satisface nuestras necesidades más profundas y, cuando amamos, somos más plenamente nosotros mismos, más plenamente humanos. Pero, qué fácil es transformar el amor en una falsa divinidad. La gente piensa con frecuencia que está amando cuando en realidad tiende a poseer al otro o a manipularlo. A veces trata a los otros más como objetos para satisfacer sus propias necesidades que como personas dignas de amor y de aprecio. Qué fácil es ser engañado por tantas voces que, en nuestra sociedad, sostienen una visión permisiva de la sexualidad, sin tener en cuenta la modestia, el respeto de sí mismo o los valores morales que dignifican las relaciones humanas. Esto supone adorar a una falsa divinidad. En vez de dar la vida, trae la muerte.”
-El poder: “El poder que Dios nos ha dado de plasmar el mundo que nos rodea es ciertamente algo bueno. Si lo utilizamos de modo apropiado y responsable nos permite transformar la vida de la gente. Toda comunidad necesita buenos guías. Sin embargo, qué fuerte es la tentación de aferrarse al poder por sí mismo, buscando dominar a los otros o explotar el medio ambiente natural con fines egoístas. Esto significa transformar el poder en una falsa divinidad. En vez de dar la vida, trae la muerte.”
Estos tres falsos dioses traen la muerte en vez de la vida porque a menudo la gente suele, agregaba el Papa, “comportarse como si fuesen Dios en tanto que intentan asumir el control total, sin prestar atención a la sabiduría y a los mandamientos que Dios nos ha dado a conocer. Este es el camino que lleva a la muerte” en tanto que, continúa, “adorar al único Dios verdadero significa reconocer en él la fuente de toda bondad, confiarnos a él, abrirnos al poder saludable de su gracia y obedecer sus mandamientos: este es el camino para elegir la vida.”
Antes de despedirse de ellos, Benedicto XVI les dijo: el mensaje que les dirijo hoy es el mismo que Moisés pronunció hace tantos años: -elige la vida, y vivirás tú y tu descendencia amando al Señor tu Dios-. Que su Espíritu los guíe por el camino de la vida, obedeciendo sus mandamientos, siguiendo sus enseñanzas, abandonando las decisiones erróneas que sólo llevan a la muerte, y los comprometa en la amistad con Jesús para toda la vida. Que con la fuerza del Espíritu Santo elijan la vida y el amor, y den testimonio ante el mundo de la alegría que esto conlleva. Esta es mi oración por cada uno de ustedes en esta Jornada Mundial de la Juventud. Que Dios los bendiga.” Pero su discurso no lo dirigió el Papa únicamente a unos jóvenes que se encuentran internados bajo tratamiento en Sydney. Este discurso aplica a toda persona que ya ha idolizado estas tres realidades, los falsos dioses.


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