El eterno desconocido, hoy, se nos comunica prodigiosamente. Aquel que, en realidad, no tiene rostro, ni palabras e historia adquiere, hoy, una misteriosa presencia y consistencia.
No tiene rostro, porque es amor; no tiene palabras escritas, porque habla en secreto y no tiene historia que se pueda contar, porque es Él quien hace la historia; porque […]

