Ante la pregunta tan controvertida de que si debe regresar la clase de civismo a las escuelas, han surgido diferentes opiniones y puntos de vista que nos obligan al análisis de cuál sería el verdadero beneficio en una sociedad en la que hace muchos años olvidamos que es la educación cívica. Recordemos que desde la educación básica iniciamos el proceso de formación académica, pero dejamos a un lado en muchas ocasiones la enseñanza de valores, el conocimiento de nuestro país, las obligaciones y los derechos que tenemos como ciudadanos libres, lo que recae muchas veces en adultos carentes de ética profesional. Por ello, ante la iniciativa de regresar las clases de civismo, se rescatarían aspectos que inciden en la formación de un buen ciudadano, pues es en la infancia donde los padres de familia en conjunto con la institución educativa pueden trabajar en aquellas áreas de oportunidad que vayan detectando en todo este proceso de crecimiento, no sólo de conocimiento escolar sino de la implementación de valores morales. En este sentido, la discusión acerca de una obligatoriedad cívica nos debe recordar la gran necesidad que existe en nuestro país la formación de valores que van desde el respeto y aprecio por la dignidad, la diversidad humana, la tolerancia, la solidaridad, la justicia y la libertad. Sin olvidar por supuesto, el fortalecimiento de nuestra identidad nacional, sobre todo en aquellos que empiezan su desarrollo en una sociedad tan lastimada y carente de estos aspectos.